Cuando el fútbol deja de ser solo fútbol: el racismo que aparece tras un error
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El fútbol tiene la capacidad de unir a millones de personas. Durante noventa minutos compartimos alegrías, nervios y celebraciones sin importar el lugar de procedencia de quienes visten la camiseta. Sin embargo, esa unión, en ocasiones, es más frágil de lo que parece.
Hay una pregunta que conviene hacerse: ¿cuándo deja un jugador de ser “de los nuestros”?
Mientras marca goles, levanta títulos o protagoniza grandes actuaciones, es presentado como un símbolo nacional. Pero cuando falla, especialmente si es una persona negra o racializada, el discurso cambia. De repente, su origen, el color de su piel o sus raíces ocupan el lugar que antes ocupaba su talento.
Uno de los casos más conocidos fue el de Bukayo Saka. Tras fallar el penalti decisivo en la final de la Eurocopa de 2021, recibió miles de mensajes de odio e insultos racistas en redes sociales. No fue un hecho aislado. En los últimos años, futbolistas como Nico Williams o Lamine Yamal entre otros también han sido objeto de ataques racistas, demostrando que el problema sigue muy presente dentro y fuera de los estadios.
Estos episodios reflejan una realidad que va más allá del deporte. El racismo no aparece únicamente en las agresiones o los insultos más evidentes. También se manifiesta cuando se cuestiona la pertenencia de una persona por su origen o por el color de su piel. Cuando alguien solo es considerado parte del grupo mientras tiene éxito, pero deja de serlo en cuanto comete un error.
Este fenómeno también ocurre en la vida cotidiana. Muchas personas migrantes y racializadas sienten que son aceptadas mientras todo va bien, pero perciben cómo cambia la mirada de parte de la sociedad cuando surge una crisis, una noticia o un discurso que vuelve a señalarlas como diferentes o como responsables de problemas colectivos.
Por eso, desde Candombe creemos que el deporte también puede ser una herramienta para educar, reflexionar y construir una sociedad más justa. El fútbol mueve emociones y genera referentes para millones de personas. Aprovechar ese impacto para combatir el racismo es una responsabilidad compartida por instituciones, clubes, medios de comunicación, aficionados y por toda la ciudadanía.
Animar a un equipo significa respetar a quienes lo representan, tanto cuando ganan como cuando pierden. Ninguna derrota deportiva puede justificar el odio, la discriminación o los ataques racistas.
Porque el fútbol termina cuando el árbitro señala el final del partido. Pero las palabras, los insultos y el racismo pueden dejar heridas que permanecen durante toda una vida.


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