Venezuela: el impacto invisible de una catástrofe.

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Los terremotos que han sacudido Venezuela en los últimos días han provocado una profunda emergencia humanitaria. Mientras los equipos de rescate continúan trabajando y las comunidades intentan hacer frente a las consecuencias del desastre, las imágenes que llegan muestran la magnitud de la tragedia: viviendas destruidas, familias separadas, personas desplazadas y comunidades enteras que tratan de reconstruir su día a día.

En situaciones como esta, la atención se centra, de forma lógica, en las pérdidas humanas, la atención sanitaria y la respuesta de los servicios de emergencia. Sin embargo, existe otra realidad que, aunque menos visible, también requiere atención: el impacto psicológico que deja una catástrofe.

Vivir un terremoto supone enfrentarse, de manera repentina, a una situación que pone en riesgo la propia vida y la de quienes nos rodean. Es habitual que, tras un acontecimiento de estas características, aparezcan sentimientos de miedo, incertidumbre, tristeza, desorientación o ansiedad. Muchas personas experimentan dificultades para dormir, reviven constantemente lo sucedido o sienten que han perdido la sensación de seguridad.

Estas reacciones no son una muestra de debilidad. Son respuestas humanas ante una experiencia extraordinariamente estresante.

Precisamente por ello, la atención psicológica forma parte de la respuesta humanitaria en cualquier gran emergencia. Junto a la asistencia médica, el suministro de alimentos o la búsqueda de personas desaparecidas, el acompañamiento emocional ayuda a reducir el impacto inicial del trauma y favorece que las personas comiencen a recuperar, poco a poco, una sensación de estabilidad.

Los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) constituyen una de las herramientas más importantes en esos primeros momentos. Su objetivo no es realizar una intervención terapéutica, sino ofrecer un espacio de escucha, apoyo y orientación que permita a las personas afrontar las primeras horas o días tras una experiencia crítica. Escuchar con respeto, transmitir calma, identificar necesidades urgentes y conectar a las personas con los recursos disponibles puede marcar una diferencia significativa.

Desde Candombe queremos expresar nuestra solidaridad con todas las personas afectadas por los terremotos en Venezuela y reconocer el trabajo de quienes participan en las labores de rescate, atención sanitaria, ayuda humanitaria y acompañamiento psicosocial.

Las emergencias no terminan cuando cesan los temblores. La reconstrucción también pasa por atender las heridas que no siempre pueden verse. Porque cuidar la salud mental es, también, una forma de proteger la dignidad y el bienestar de las personas.

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